| Regresar | Peregrinación a Santiago de Compostela |
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Jesús M. Sotomayor Nota de Prensa Virtual Agosto 3 de 2006 El pasado 29 de Julio regresó a Monterrey el Dr. Jesús Martínez Sotomayor Herrera procedente de España. Venía de concluir su peregrinación que inició el 14 de Junio en Saint Jean Pied-de.Port en el sur de Francia y concluyó en Santiago de Compostela en Galicia, en el noroeste de la península ibérica, el 16 de Julio de los corrientes. El mal estado de sus maltrechos pies por esta aventura de caminar 800 Kilómetros en 32 días, no se comparaba con la alegría con la que nos comentaba esta experiencia. A continuación se presenta el diálogo inexistente entre un periodista imaginario con este peregrino. |
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¿Por qué emprender a los sesenta años una tarea de este tamaño?
Es difícil de explicar, comentó. Es -según mi humilde opinión- una respuesta a un fuerte llamado interior que te dice;”Haz el Camino”……y ahí va uno.
¿Esta es una respuesta de qué tipo; religiosa, espiritual, cultural o turística?
En el camino me encontré con dos tipos de compañeros; los caminantes y los peregrinos. Los primeros buscan fines básicamente culturales, como grupos principalmente integrados por jóvenes americanos o europeos, a quienes el arte y las catedrales del camino, aunado a la belleza del entorno y el espíritu de aventura, eran atractivos centrales, además de representar una inversión relativamente barata por los albergues y facilidades con que cuentan. Yo formaba parte de los segundos, mi peregrinar era eminentemente espiritual y religioso, aunque no es incompatible con los primeros.
¿Por qué escogió Santiago de Compostela y por qué tantos kilómetros?
En México tenemos sitios tradicionales de peregrinación, que hubiesen cumplido con mi propósito perfectamente, aunque la infraestructura y seguridad son cuestiones importantes, sobre todo cuando el pelo está totalmente blanco. No me imagino caminando solo en las madrugadas por las calles de la Ciudad de México –sobre todo en estos días- con rumbo hacia el Tepeyac. Esto lo hice en mis años mozos, en un México muy diferente gobernado entonces por Ernesto P. Uruchurtu. ¡Ya llovió bastante!
El camino a Santiago, como se conoce a esta peregrinación, tiene una historia de mil doscientos años, tiempo que le ha permitido desarrollar varias rutas tanto en España, como en Europa, unas con más infraestructura (restaurantes, hospitales o clínicas de salud, fuentes con agua potable, aprovisionamiento de víveres, estado del camino, señalamiento, etc.) que otras. La más tradicional es la llamada “camino francés”, que cuenta con todos los servicios. Esta parte de muchos puntos en Europa, los cuales se unen en Francia para entrar a España por la Navarra francesa (Saint Jean Pied-de-Port) o por Huesca (Samport) en la llamada “ruta aragonesa”. El peregrino, en función del tiempo –principalmente- con que disponga, decide los kilómetros a caminar. Los españoles y muchos europeos, lo van haciendo por tramos cada año, aprovechando sus vacaciones. Para los que tenemos que “cruzar el charco” esta opción resulta más difícil, por lo que muchos decidimos hacerlo “de un solo jalón” partiendo los lugares antes mencionados. Amigos regios, con buena condición física, han logrado hacer el camino de 800 Kms en 15 o 19 días a un ritmo entre 35 y 50 Kms diarios de caminata. En mi caso yo calculé entre 30 y 35 días, a un paso entre 20 y 30 Kms diarios, habiendo realizado el camino, con el favor de Dios, en 32 días.
¿Se requiere, además de una motivación interior, una buena preparación física?
Efectivamente. En mi caso, soy un caminante asiduo en las calzadas y el Chipinque en San Pedro, pero al decidirme hacer el camino, tuve que prepararme para afrentar un reto de esta magnitud. Además de las caminatas en la madrugada con mis amigos Eduardo Fuentes, Gregorio Treviño, Jesús Marcos Giacomán, entre otros, las idas al Pinal y al Ventana con mi experimentado amigo Federico Zavala (quien ya había hecho el camino dos veces) fueron claves. Tuve la suerte de contar con el couching de amigos que habían pasado esta dura prueba, como Rogelio Cueva, Roberto Coindreau y José María López los cuales me motivaron y transmitieron su experiencia. Me acuerdo una frase de Roberto en la sierra de Arteaga ; “Chuy trae buen motor, pero le sobra carrocería”, lo que me hizo bajar uno cuantos kilitos de más. Los foros de Internet y en especial la ayuda de la Universidad de Navarra (que promueve la Acreditación Jacobea Universitaria con el Tec y el IPADE) fueron de valiosa ayuda para este período de preparación de cerca de seis meses.
¿Cómo le fue en el camino?
Es una experiencia maravillosa. La soledad y el silencio –sobre todo en mi caso que hice el camino solo- son buenos compañeros del peregrino, además del sufrimiento que lo acompaña todo el tiempo. Mi principal preocupación era no terminar el camino por alguna enfermedad o un accidente. La tendonitis, las ampollas, rozaduras, el cansancio y caídas son las causas frecuentes para abandonar la peregrinación. Además, en mi caso mis rodillas que trabajan muy bien escalando las montañas, sufren en las bajadas teniendo que caminar por debajo de 2 kilómetros por hora. Esto me obligaba a salir de madrugada (entre las 4;30 y las 5 a.m.) para -bajo las estrellas y siguiendo la constelación del Cisne- avanzar rápido antes de que los ardientes rayos del sol veraniego hicieran su presencia y después de caminar ocho horas, llegase a descansar toda la tarde leyendo, meditando u observando secar mi ropa, en algún hostalito, casa rural, parador o albergue según las circunstancias. Como profesor de negocios del IPADE, de manera natural tomé el camino como un proyecto que requería estrategia, planeación, recursos, manejo de contingencias, capacitación y preparación. Igual que en los negocios, el contexto –la realidad- va obligando a adaptar los planes y objetivos. La estrategia emergente se impone a la deliberada. La competencia, en este caso era más dura, pues es con uno mismo. Ante la presencia del dolor, me motivaba pensando que el dolor pasa tarde que temprano, pero no acabar el camino me duraría toda la vida. No acabar, no era una opción. Por lo anterior, me puse en manos del Señor desde el primero de los más de un millón trescientos mil pasos que me esperaban. ¡Vaya que funcionó esta decisión! A pesar de dias con lluvia torrencial, fango y mas fango, granizo, polvo, caminos polvorientos, resbaladizos y empedrados (mucho de ellos romanos), noches obscuras sin luna, sol y asfalto ardiente, vientos silbadores y duras pendientes, nuca me caí. Así mismo, ante “el dolor del día” y los temores de enfermedades, la presencia del Señor me sacó siempre adelante. Por lo anterior, mi camino fue un agradecimiento permanente al Creador. Gracias –decía- por asirme ante la piedra oculta que pisé y que podría tirarme, gracias por meter mi bastón a tiempo ante un resbalón amenazante, gracias por no enfermarme de catarro ante la lluvia y las botas empapadas, gracias por encontrar la flecha amarilla que me devolvía la confianza que estaba en el buen camino, gracias por encontrar el restaurante (bar. como le llaman) a tiempo para desayunar o contar con los servicios, gracias por mis compañeros peregrinos que me auxiliaron sobre todo en las bajadas, gracias por los mensajitos (SMS) recibidos de mis hijos en el teléfono celular dándome ánimos, gracias por encontrar Internet y estar en contacto con mis amigos, ¡gracias, gracias y más gracias! Qué cierto es eso que mientras el turista exige, el peregrino agradece.
¿Podría decirnos algo sobre el recorrido?
El camino es como la vida; cada quien lo hace con su propio caminar. Es más un camino interior que una ruta determinada. No obstante, el camino francés cuenta con un linaje que data del año 813 cuando se descubre el sepulcro del apóstol, hecho que motiva las primeras peregrinaciones y con ello la construcción paulatina del camino y las poblaciones y obras civiles que esto conlleva. El camino de Santiago es un libro de historia y de arte a cielo abierto. Diferentes culturas dejaron sus huellas en conmovedoras obras de estilo románico, gótico, plateresco, mudéjar y barroco. El recorrido te presenta desde la niebla y misterio de los bosques navarros, hasta los pliegues de las colinas riojanas, el horizonte interminable de las llanuras castellano-leonesas o las húmedas oscuridades de las corredeiras gallegas. Es unión de lo épico y el peregrinaje, de lo carolingio con lo jacobeo. Es donde se cruzan el camino de las estrellas con el camino de los vientos. Es la Calle Mayor de Europa.
En el camino francés se cruzan varias comunidades autónomas, provincias e importantes asentamientos urbanos como Pamplona, Logroño, Burgos, León y Santiago de Compostela, con hermosos centros universitarios. Soberbios sitios templarios y ermitas como el castillo Ponferrada, Nuestra Señora de Eunate, la iglesia del Santo Sepulcro en Torres del Río, puentes majestuosos como el de Hospital de Órbigo, Puente la Reina, el Puente de Piedra en Logroño en donde los benefactores del camino Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega dejaron parte de sus grandes obras a favor de los peregrinos, vestigios de hospitales de peregrinos, iglesias y catedrales monumentales como las de Burgos, León, Santiago, Astorga, Logroño entre muchas otras. Se cruzan grandes ríos como el Ebro y el Miño además de ríos menores con bellas melodías que acompañan al peregrino. La fauna y la flora alegran también al caminante, pues gran parte del camino son rutas de ganado rodeadas de hayas, abedules, robles, eucaliptos y pinares según las región en que te encuentres. Grandes zonas agrícolas y de riego se asoman en el camino, así como hermosos viñedos y árboles frutales. Pero lo más impresionante para este humilde peregrino mexicano era en no encontrar cinturones de miseria al entrar a las grandes urbes, ni pobreza en las aldeas más sencillas. Me impactó el grado de limpieza del camino, la seguridad que se respira lo que permite a miles de damas y familias recorrerlo sin preocupación alguna. Punto importante es la impresionante actitud del pueblo español en toda la ruta. En mis momentos más difíciles, sobre todo cuando me dio “la pájara” (desfallecimiento por cansancio o falta de agua o alimentos), nuestros hermanos españoles me brindaron su pan, sus medicinas, su agua, pero sobre todo su amor y entusiasmo. Navarros, riojanos, castellanos, leoneses y gallegos me cuidaron y apoyaron todo el camino. Estoy en deuda con ellos y espero algún día devolverles sus múltiples atenciones desinteresadas. No es bien nacido, quien no es agradecido….mi agradecimiento a España, aunque en el camino El Señor me mandó dos ángeles que me cuidaron también, sobre todo en las bajadas y en mis fastidiados pies; una dama de Noruega (Bergen) llamada Hildbjorg Helle (profesora de lenguaje para discapacitados) y un Francés de Rouen, Alphonse Cobo (jubilado de la Renault).
¿Nos daría algunas recomendaciones finales?
Recomiendo a todos el peregrinar. No importa en donde, pero peregrinar. Es una catarsis maravillosa además de una experiencia enriquecedora. Conversar con el silencio es muy provechoso. Buscar la soledad y la montaña hace brotar sentimientos y emociones nunca antes sentidos. Uno se mete dentro de un proceso de renovación interior que hace cambiar el concepto de muchas cosas. Uno cuenta con la posibilidad de iniciar una transformación, un cambio o sencillamente la oportunidad de mejorar como persona. Pero creo que es indispensable llegar al camino con claros objetivos y con una actitud de mucha humildad y determinación. Humildad para escuchar y aprender del silencio y determinación para lograr la meta, aunque al final del camino uno se da cuenta que lo importante no fue el destino sino la jornada. Es como la vida, hay que estar preparados para un buen morir, aunque es la vida la que tenemos que vivir día a día, momento a momento para lograr la trascendencia. Al final no somos ni lo que decimos, pensamos o hasta en lo que creemos……..somos lo que hacemos.
Ad Gloriam Dei.